"Cataluña tiene 4 provincias, Barcelona, Gerona, Tarragona y Lérida" Así me lo aprendí yo en el colegio, y claro las cosas que se le graban a una de pequeña, cuesta erradicarlas de la mente. Por eso, decir Girona (pronunciando la G como en inglés) me cuesta bastante, acabo mezclado las palabras y pronunciaciones y de mi boca sale un sonoro "Jirona", con un par.
Dicha esta tontería, paso a contar un poquito sobre el viaje.
Lo que visitamos:
El jueves, visita de la ciudad de Girona propiamente, y por la tarde Figueres, lugar de nacimiento de Salvador Dalí. El viernes, con previsión de lluvia, decidimos cambiar la ruta de costa prevista, por paisajes interiores, el lago de Bañolas, la ciudad de Besalú, y Santa Pau en el parque volcánico de la Garrotxa. El sábado volvió a lucir el sol, aunque con nubes y claros. La ruta prevista, visitar el castillo de San Fernando (San Ferrán) y luego la costa, Roses, Cadaqués y Empuriabrava. Finalmente el domingo, nos dimos un salto a la zona de L'Escala donde conviven, una zona de turismo de costa masificada, con la parte más antigua del pueblo y unas ruinas romanas y griegas. Hechas las visitas, almorzamos y nos dirigimos a Barcelona.
La gran sorpresa:
Besalú, no estaba en nuestra ruta, pero la vimos por el camino y no pudimos resistirnos a parar y visitar su ciudad medieval.
El GPS del averno:
Las mejores anécdotas las proporcionó el GPS, que no tenía en sus mapas algunas carreteras nacionales de tres carriles, (si le preguntas al aparato, nosotras volvimos de Olot atravesando campos y ríos) pero después se empeñaba en que cogieramos caminos de cabras para llegar a nuestro destino. De hecho, para salir de Empuriabrava, el aparato nos quería hacer atravesar un solar que daba muy mal rollo, y otro día, sugirió que siguieramos una pista de tierra que salía de un pueblito de cuatro casas, para llegar a nuestro destino. Al final acabamos usando el amago de mapa de carreteras que me habían dado en una oficina de turismo. Supongo que son cosas de la tecnología, pero yo acabé insultando a la señora que nos daba las indicaciones.
"En 500 metros, gire a la dere-cha"
"Eso no te lo crees ni tú, zorra"
"En 100 metros en la rotonda, tome la ter-cera salida"
"¿ES QUE NO SABES CONTAR? ¡Es la segunda, no hay más salidas!
"En 300 metros, mantengase a la dere-cha"
...
"Pero ¿serás hija de tu madre?, ¿NO TE HE DICHO QUE NO QUERÍA COGER AUTOPISTAS DE PEAJE?"
Pues eso, que es muy divertido viajar con GPS, mantiene la mente despierta.
El encuentro
El broche de oro del viaje lo puso la visita express que nos hizo Pecosa en el aeropuerto, como llegamos muy temprano (temíamos coger unas colas terribles en la carretera, y llegar tarde a coger el vuelo), tuvimos tiempo de compartir una cerveza y mucha charla. Ella ya lo describió perfectamente
aquí.
Capítulo Final: Las estúpidas normas del Aeropuerto.
Hacía unos minutos que Pecosa ya se había marchado y nos encaminamos al control de seguridad, para ir a buscar nuestra puerta de embarque. Empezaba a recoger mis cosas de la cinta cuando se me acerca el de seguridad.
"En ese bolso tienes dos botellas"
"¿Sí? - empiezo a revolver mi bolso - serán botellas de agua que se me quedaron
"No estoy seguro si es ahí, o en la otra bolsa"
Mientras abro la segunda bolsa la respuesta me llega como un flash instantáneo:
"Son unas botellas de licor que he comprado de regalo"
"Tienen más de 100 ml, o se las dejas a alguien, o las dejas aquí"
"¿No hay otra manera?" (Los cojones te regalo yo dos botellas de licor),
"Puedes intentar facturarlas, pero tienes que ponerlas en un bolso o algo, porque así no te lo van a permitir"
"Bueno, deja ver qué se me ocurre"
Envuelvo las botellas en dos bolsas de plástico, y un pañuelo de tela y las meto en el bolso de M, que era como más resistente. Me salgo otra vez a las líneas de facturación. Busco al mismo tipo que nos había facturado la maleta un par de horas antes, y le cuento.
"Yo te lo puedo facturar si quieres, pero esto tan pequeño se te va a perder por el camino, en cualquier recodo se quedará enganchado"
"Jo, mira que no darme cuenta de meterlas en la maleta, ¿no hay ninguna forma de facturarlas?" *1
"Necesitarías una caja, o un bolso más grande"
"Bueno a ver si consigo algo"
A lo mejor otra persona pensaría, que total por dos cochinas botellas de licor no merecía la pena tanto trajín, pero yo no estaba dispuesta a renunciar al regalo para mis padres así que con mi mejor cara de buena niña me fui a las tiendas.
"Hola, mira, la verdad es que vengo a pedir un favor, es que tengo que facturar estas botellitas de licor porque no me las dejan pasar por el control de seguridad, y claro necesito una caja o algo...."
¡Por favooooooor..!
Me costo visitar varias tiendas pero al final me hice con una cajita, en la que haciendo uso de tecnología del siglo veintiuno - cinta adhesiva - aseguré "mi tessoro" al fondo de la caja, cuidadosamente envuelto. Cerré la caja con cinta adhesiva de nuevo - a prueba de bomba - y me fui nuevamente a la línea de facturación.
En mi mente un único pensamiento:
"Tengo dos opciones: me llegan las botellas enteras, o me llega una caja empapada de licor de cereza y chocolate, pero al menos lo intenté. Y en ambos casos gano una batallita de aeropuerto."
Cuatro horas más tarde M y yo mirabamos ansiosas la cinta de equipajes, ya en Tenerife.
A mi madre le encantó el licor.
Que la mierda de Transilmonio no caiga sobre tí, Amén.
*1 Seguro que la gente del aeropuerto está hasta los lichis de preguntas como esas, y pensará que es para matarme, pero yo tenía que intentarlo. No me odieis.