¿Se acuerdan que me puse en plan nostálgica flipada cuando cumplí 30 años? Pues poco imaginaba yo que un año después mi vida fuera a ser tan diferente.
Cuando alcancé el final de la tercera década era una mujer casada, con un hogar casi amueblado, y con la ilusión de formar una familia. Parecía tenerlo todo. También era una mujer que había superado meses atrás una crisis de pareja gravísima y que estaba ilusionada en rehacer su historia y mirar hacia el futuro.
Pocos meses después, la realidad fue que mi matrimonio se disolvió del todo, y con él, como un castillo de naipes toda una realidad que yo tenía por segura.
Y no voy a descubrir la pólvora, separarse después de tantos años, es duro de narices. Hay vínculos que romper, hay rutinas que olvidar, hay afectos que no siendo suficientes para seguir adelante, sí lo son para causar una nostalgia brutal.
Mi vida ha cambiado, pero no necesariamente a peor. Haciendo balance, un año después de ese 29 de septiembre de 2014, tengo algunas cosas nuevas: En lugar de un hogar, tengo
una casa a la venta y media hipoteca que me quiero quitar de encima, pero también he cambiado 30 minutos de tráfico y búsqueda de aparcamiento para llegar al trabajo, por 8 en una bicicleta. Además me levanto una hora más tarde.
En lugar de discusiones por
mi desorden, tengo mi pequeño universo de caos en el piso donde vivo, no tengo que llegar a un acuerdo sobre la tele o la música, y he pasado de no hacer ejercicio por no coger el coche , a tener una piscina a 10 minutos caminando.
He afianzado amistades, y perdido otras por el camino. He conocido
gente nueva, con la que salir a divertirme y que siendo muy distinta de
mí, me entiende, porque hay situaciones que son universales.
Perdí la ilusión de rehacer lo que se había estropeado, pero ahora tengo la
ilusión de conocer a alguien nuevo que vuelva a hacerme sentir mariposas
en el estómago.
Busco ser más independiente, mejor cocinera, aprender a vivir conmigo misma, cuidarme un poco mejor.
Compagino la pena que todo esto conlleva, con la certeza de que,
mirando hacia atrás, estaba en una relación que había dejado de hacerme
feliz, y que el cambio, aunque duro ha sido para bien.
Y creo que, como pasa con toda experiencia importante en la vida, me he vuelto un poco más sabia.
Que la mierda de Transilmonio no caiga sobre tí, Amén.
PD: Como ahora soy muy de dar la tabarra en twitter, a más de une le sonará repetida esta historia. Pero me apetecía escribirla, entre otras cosas, para leerla cuando me haga falta.