lunes, 27 de febrero de 2012

A buen entendedor...



Que la mierda de Transilmonio no caiga sobre tí, Amén. 
Que caiga sobre Marianito y todo su séquito, sobre los Mercados y la Merckel, sobre los banqueros y sus cómplices.

Aciago futuro nos espera.

PD: La etiqueta "el curro y otros equivalentes mal remunerados" está más propia que nunca.

domingo, 5 de febrero de 2012

Algo ligerito para compensar

En un alarde de egocentrismo impropio de mí, voy a suponer que os preguntáis dónde he estado metida últimamente para tener tan desatendido el blog. Y dado que una puede ser egocéntrica pero no ingrata os voy a dar una pequeña actualización sobre mis andanzas.

Una excusa: Trabajo con un ordenador, así que pocas ganas de portátil me quedan después de la oficina. Habitualmente sólo lo enciendo para ver alguna serie, o para avanzar en el nuevo proyecto (ver más abajo).

Una nueva actividad: Me he metido a hacer Pilates, sí como las señoras de cierta edad. Pero oye, se queda una estupenda después de haber estirado músculos que ni sabía que tenía. Y siempre será mejor que estar sentada en el sillón vagueando. Siguiente parada, algo de ejercicio de quemar chicha. (veremos si me animo).

Una incertidumbre: En la oficina se avecinan cambios, de momento sólo tenemos rumores, frases oídas al azar y muchas conjeturas elaboradas al respecto. Las hipótesis que barajamos pueden ser buenas, malas o muy malas. En nuestras mentes y en las conversaciones fuera de la oficina, estudiamos las posibilidades, los pros y los contras y lo que debiera haber sido, todo para nada, cuando los cambios lleguen, si es que lo hacen, nosotros nada podremos hacer más que adaptarnos. Pero somos así, nos gusta torturarnos por anticipado, para luego ver si las cosas son mejores o peores de lo que imaginábamos.
En cualquier caso, en mi situación, esto no deja de ser quejarse de vicio. Que ya sé que a muchos les gustaría que los quebraderos de cabeza se los diera el trabajo y no la falta del mismo.

Un nuevo proyecto: Buscar casa. Con dos "cajones". M. y yo estamos buscando una casa para comprar. Que está la cosa complicada con los bancos, y el mercado de aquella manera. Y hemos llegado a la conclusión de que, de momento, estamos ante un triángulo imposible.


Si la casa está bien, y nos la podemos permitir, está en Mordor. Si por el contrario, está estupendamente situada y el precio nos gusta, es un cuchitril. Y las que nos han enamorado en la visita y están en un buen sitio, están por encima de nuestras posibilidades.


¿Será que somos demasiado exigentes?.


Y dicen que los precios están bajando, ¡y un jamón!


Aquí el que vende de segunda mano no quiere perderle nada al inmueble, y los de obra nueva donde he preguntado parece que no se han enterado de que los precios inflados ya no cuelan.

Y con esto que no es poco, se van ocupando mis días. ¿Cómo van los vuestros?

Que la mierda de Transilmonio no caiga sobre tí, Amén.


PD: Si es que no tengo medida, de semanas de silencio a 2 posts en un mismo día, así me va.

El día que un contenedor me hizo reflexionar.

De un tiempo a esta parte han ido apareciendo en el barrio unos contenedores para recogida de ropa y calzado, que por los logotipos que lleva encima parecen destinados a una empresa de reciclado. A priori, me pareció una buena idea, ¿cuánta ropa se tira porque no nos sirve ya, o porque hacemos renovación de armario, pero que no está destrozada del todo? Si la ropa en lugar de ir a parar al vertedero, se la da un segundo uso, ¿quién podría cirticarlo?

Busqué información sobre la empresa, y leí algunas algunas notas de prensa de los diferentes municipios donde se han instalado ya, parece que la empresa aporta 300kg de ropa mensuales a los ayuntamientos donde pone los contenedores para que la gestionen con fines sociales. El caso es que un día tomando un café con unos amigos, alguien comentó que había oído a otro alguien, que realmente esa empresa lo que hacía era llevar la ropa y venderla en África.

Independientemente de si es verdad o no, lo primero que me pasó por la cabeza fue "vaya jeta, ya podían regalarla en Africa que buena falta hará, en lugar de venderla", "nosotros entregamos la ropa con toda la buena voluntad y luego ellos se hacen el negocio".

Pero después en frío, le dí alguna vuelta más al asunto. Supongamos que el rumor es cierto, y que realmente se vende la ropa en África. A lo mejor no es tan malo y mezquino como pudiera parecer.

Todo depende del margen de beneficio que esté sacando, y el modelo de negocio que sea. Pero desde un plano completamente hipotético, me gustaría plantear un par de cosas.

Honestamente, ¿Acaso íbamos nosotros a sacarle rendimiento económico a esa ropa? diría yo que más bien no, que o la íbamos a tirar sin más, o a regalar. A pocos se les ocurriría tomarse la molestia de revenderla para sacar cuatro duros a no ser que realmente lo necesitara. Si estábamos dispuestos a quitárnosla de encima, ¿qué más nos dará lo que hagan con ella después?. A fin de cuentas, hay empresas que viven de reciclar nuestros residuos y no por ello dejamos de separar la basura. Entonces desde el punto de vista del beneficio que sacan a "nuestra costa", poco debería importarnos.

Y por otra parte, por poco que sea, mantener esta red de contenedores, la recogida y el supuesto traslado a otros mercados, tiene un coste ¿estamos nosotros dispuestos a sufragar ese gasto?.  Lo habitual es que una ONG o alguna organización religiosa hagan este tipo de actividades, y suelen reunir el dinero de subvenciones (dinero público) o de colectas. Pero la realidad es que con la situación económica hoy en día, las organizaciones con fines sociales son las primeras que ven reducidos sus ingresos, tanto por parte de las administraciones como de los particulares. Entonces no me parece mal que busquen otro tipo de financiación.

Eso sí, no estoy diciendo que le saquemos los cuartos a los "pobres negritos" de África por una ropa desgastada y de segunda mano. Todo esto, que además es un suponer, tendría sentido si las cosas se hacen bien, y con buena fe, y no con el desmesurado ánimo de lucro a que nos tiene acostumbrado el mercado occidental.

Tal y como yo lo veo, si es ropa que está en buen estado, se puede vender en un lugar donde las modas que aquí nos hacen desechar un pantalón por tener demasiada campana (no es que sea mi caso precisamente) no tengan influencia. Sería ropa por la que se esté pagando un precio razonable, que no incluya el sobrecoste de la marca, o de que sea nueva temporada.

Si con la venta de esa ropa se cubren los gastos de la infraestructura necesaria para que llegue allí, y sin que ello suponga explotar a nadie por el camino (incluyendo el comprador), yo no le veo la pega.

Aunque debo reconocer que este tema es más complejo de lo que yo lo veo, África es una referencia muy vaga, porque son muchos muchos países con situaciones diferentes, aunque se puede generalizar y decir que son países subdesarrollados o en vías de desarrollo, cada región tiene su realidad. Así no será lo mismo plantear este hipotético negocio en una ciudad en época de crecimiento, en la que haya un mercado laboral que, aunque no haga rico a nadie, absorba a la población residente; que allí donde la hambruna está diezmando a la población.

Pero hay una cuestión importante y es que, sin pretender yo descubrir la pólvora ahora, lo cierto es que la tendencia debería ser a dar la caña de pescar y no el pez. Gran parte de la pobreza de estos países es la deuda externa, que aunque se les condone en algunos casos, sigue sangrando lo que queda en las arcas estatales (después de que el dictador de turno meta la mano). Cuanto más dependan de las ayudas externas más se endeudan; es una pescadilla que se muerde la cola. Si cambiara el esquema y se favoreciera el desarrollo de la economía local, la creación de microempresas, la explotación de los recursos, en lugar de vivir del "dinero fácil" que supone que Europa y América manden millones en ayudas, creo que poco a poco podrían ir saliendo del agujero. Y en ese marco hipotético, (y un poco utópico hoy por hoy) tendría más sentido un mercado de ropa de segunda mano (donde habrá una tienda, con un dependiente y por tanto un puesto de trabajo) que simplemente regalarla y perpetuar el estilo de vida donde África vive de nuestras migajas.

Pero claro todo esto es una reflexión a raíz de un contenedor, la realidad es, que cuando meta la bolsa de ropa que tengo separada en el cuarto desde la última limpia, le perderé el rastro, y lo único que puedo esperar es que sea en África, o en los barrios más pobres de mi propia isla, se le dé un buen uso.

¿Y vosotros cómo lo veis?

Que la mierda de Transilmonio no caiga sobre tí, Amén.