miércoles, 28 de marzo de 2012

29M


Mañana voy a convertirme en un dato estadístico, en una unidad más que engrosará una cifra oficial cuyo valor no puedo ni me atrevo a pronosticar. Una cifra que muchos intentarán manipular para defender su opinión. Si la cifra es grande se supone que la convocatoria habrá sido un éxito, si la cifra es pequeña o modesta, seremos una panda de ilusos con menos dinero en el bolsillo.

Aunque no esté convencida de su efectividad, y aunque crea que no es la mejor medida de presión en este momento, mañana me voy de huelga. 
  1. Porque no estoy de acuerdo con las reformas que se vienen llevando a cabo.
  2. Porque afectan y mucho a personas muy cercanas a mí, que no pueden arriesgarse a hacer huelga. 
  3. Porque afectan a personas con las que trabajo.
  4. Porque nadie me asegura que no me acaben afectando a mí (sólo hay que mirar a Grecia)
  5. Porque puedo hacerlo. (es mi derecho, y sé que mi puesto no está en juego)
  6. Porque de seguir así, lo mismo es de las últimas oportunidades de hacer huelga que tenemos.
  7. Porque prefiero perder dinero hoy, que perder derechos para siempre.
  8. Porque no soportaría pensar que me quedé sentada sin hacer nada mientras nos la metían doblada.
  9. Porque me da igual si la convocan los sindicatos comprados o los pitufos makineros.
  10. Porque estoy hasta las narices.


El viernes sabré si soy una ilusa idealista, o parte del cambio. Pero lo habré intentado.



20minutos.es - Diez razones para ir a la huelga general... y otras diez para acudir a trabajar como un día más


Que la mierda de Transilmonio no caiga sobre tí, Amén.

viernes, 16 de marzo de 2012

Barriendo para casa.

Aparentemente los funcionarios somos el mal de este país, derrochamos mucho, no trabajamos, tomamos café en dosis sobrehumanas, y todo para atender mal a los administrados desde nuestra posición privilegiada.
 
Yo soy funcionaria después de haber pasado meses alternando clases particulares mal pagadas con horas de biblioteca, después de haber pasado un proceso selectivo de 4 exámenes incluyendo una vista oral con un tribunal, con 70 temas y prueba de idiomas para poder quedar dentro de los 10 primeros de 300 presentados,  y después de superar un periodo de prácticas. Y me parece que no tengo porqué aguantar que me llamen vaga por la puta cara. No me da la gana.


Asi que hoy, que cumplo un año en esta locura de empresa que es la administración pública, vengo a defender un poquito nuestra causa.

A pesar de lo que muchos piensan, la existencia de los funcionarios tiene una razón de ser.

Los políticos llegan, hacen y deshacen a su antojo, roban y se van. Los funcionarios nos quedamos, y la rueda sigue girando. Ya puede cambiar el nombre de la Consejería para la que trabajo (que ha ocurrido), puede cambiar el Consejero (que ha ocurrido) y el alto cargo elegido a dedo por él, (que ha ocurrido también), que el trabajo se sigue sacando. Independientemente de quien ocupe los tronos, los colegios, la policía, los juzgados, los hospitales, la administración tributaria, las oficinas de empleo, las residencias de la tercera edad, los ayuntamientos… etc, siguen funcionando.

Y eso es, porque el funcionario para acceder a su puesto no ha tenido que ganarse el favor del empresario, sino que ha hecho unas pruebas de acceso, se ha examinado, y ha superado un periodo de prácticas. Al funcionario no le dan el puesto, lo gana compitiendo con tantos candidatos como quieran presentarse en igualdad de condiciones*. Como no depende de la relación que pueda tener con el político de turno, su puesto permanece aún cuando éste se vaya, por eso la rueda sigue girando.

¿Se imaginan que pasaría si cada vez que hay un cambio de color en el gobierno, se despidiera sistemáticamente a todos los trabajadores, para sustituirlos por otros afines al nuevo gobernante?

Habría que paralizar el trabajo y empezar de cero. Simplemente, sería el caos.

Ese es el principal motivo de que el funcionario tenga el puesto “para toda la vida” (que no es así del todo, pero casi).

Sobra decir que esto trae una consecuencia clara: la gente se relaja, se acomoda, y empieza a tomarse las libertades que sólo puede tomarse quien se cree inmune. Y digo se cree, porque la realidad es que, aunque es relativamente difícil que pierdas el puesto de trabajo, no es imposible.

No voy a extenderme en las faltas de los funcionarios, ni voy a negar que todas esas cosas existen, porque lo veo con mis propios ojos todos los días, y más de una vez me ha hervido la sangre por ello. Lo que sí quiero defender es que tanta culpa tiene el trabajador que no cumple las normas que se le han puesto, como sus Jefes, y los Jefes de sus jefes, que no les ponen las cabras en el corral. 

En el Estatuto Básico del Empleado Público, que el equivalente al estatuto de los trabajadores para este colectivo, están definidos los derechos y deberes de los trabajadores al servicio de la administración, y lo que es más importante el régimen disciplinario y el procedimiento sancionador. (Ley 7/2007 . Título VII)

Esto quiere decir que con la ley en la mano un superior jerárquico puede y debe sancionar al trabajador que incumple con sus deberes. ¿Por qué no se hace? Primero porque muchos jefes incumplen más que sus propios subordinados y dos porque tienen un miedo atroz a que los trabajadores se les echen encima de la mano del sindicato. Y encima, por quitarse problemas, acaban exigiéndole más al que sabe que cumple y que le va a responder, y dando por perdido al que ha conseguido criar la fama de inútil, para poder echarse a dormir (nunca mejor dicho).

En cualquiera de esto casos, yo veo claro que hay un superior, con un puestazo y un sueldazo que está faltando a las responsabilidades por las que se les paga, porque si tanto miedo tienen de los sindicatos es porque saben que algo han hecho mal, y si ellos mismos se saltan las normas de la empresa, ¿cómo van a exigir a sus trabajadores que lo hagan?.

Encima de cada uno de los jefes o directores, hay otros jefes, y por encima otros, hasta que llegamos a los "altos cargos". Gran parte del problema es que la cúspide de la jerarquía está compuesta por estos "altos cargos", que sí son funcionarios, pero están elegidos a dedo por sus superiores (se llama procedimiento de libre designación y también está recogido en el EBEP - art 80) Y claro, ahí llegamos a la madre del cordero, los principales responsables del funcionamiento de la administración pública (y no estoy hablando únicamente de los parlamentarios) están en el puesto no por su valía o su capacidad de gestionar el equipo humano del que hacen cargo, sino por estar afiliados al partido correcto en el momento preciso. Evidentemente, muchos de ellos no están a la altura.

Ojo, no digo que el funcionario "escaquerman" no tenga culpa de nada y sea un pobre ignorante sin capacidad de discernir entre lo correcto y lo incorrecto, lo cierto es que hay demasiados que tienen un máster en sus derechos y en la forma de eludir sus deberes, pero a la hora de exigir responsabilidades, también hay que mirar para arriba.

Y la solución a esto probablemente no es sencilla, pero yo empezaría por buscar herramientas para evaluar el trabajo efectivo, con vistas a premiar el trabajo bien hecho, y por aplicar efectivamente las sanciones que procedan,  y ya que estamos controlar mejor el gasto de los gallifantes, y las corruptelas que se fraguan en los despachos.

Pero claro, es más fácil decir que somos todos unos vagos, que no vamos a trabajar en la vida, y de paso bajarnos el sueldo.

Nunca he entendido que haya gente que aplaude y exige las pérdidas de derechos ajenas.



Que la mierda de Transilmonio no caiga sobre tí, Amén.

* Otra historia son los procesos de selección donde hay enchufes y mangas, pero la dejamos para otro post.

sábado, 3 de marzo de 2012

la cruda realidad

En el office....
- Que has traido de comer?
- Croquetas de mi madre, que pasé el otro día por su casa, y arrasé la nevera.
- Ah, pero ¿tú no vives con tus padres en ciudaddelaoficina?
- No, estoy viviendo en otraciudadcercana.
- Entonces, ¿Vives con tu novio?
- bueno...con mi pareja, sí.

¿Que por qué no lo dije simplemente la verdad y me escudé en una respuesta entre ambigua y absurda? Porque me arriesgo a que la señora se quede a cuadros y escupa la comida, y porque temo que algo tan normal como que tengo pareja (pero resulta ser mujer) se convierta en la comidilla de la oficina, y aunque en teoría me toca un pie lo que la gente piense de mí vida, tampoco me hace ilusión estar en boca de todos, o que si voy a saludar a una compañera esta esté pensando que si soy tan amable con ella es porque me gusta.

En definitiva porque no confío en que la gente se tome estas cosas con normalidad, sino "aceptándolo" (o tolerándolo), como algo extraño con lo que les toca convivir, y que mientras no afecte a su vida no les importa, o como el chisme más jugoso con el que se han topado desde que la maripili se lió con su jefe que estaba casado.

Quizá debería tener un poco más de fe en la humanidad, pero la experiencia  me demuestra que hoy en día todo el mundo se supone hetero hasta que se demuestre lo contrario. Y cuando se lo demuestras, las reacciones son de lo más variopintas y no siempre agradables.

No se sale del armario una vez, te vas a pasar el resto de tu vida haciéndolo, con compañeros de estudios, en tu trabajo, con nuevos conocidos, con viejos conocidos de tu infancia....

Lo bueno, es que con el tiempo te importa cada vez menos.

Que la mierda de Transilmonio no caiga sobre tí, Amén.