Aparentemente los funcionarios somos el mal de este país, derrochamos mucho, no trabajamos, tomamos café en dosis sobrehumanas, y todo para atender mal a los administrados desde nuestra posición privilegiada.
Yo soy funcionaria después de haber pasado meses alternando clases particulares mal pagadas con horas de biblioteca, después de haber pasado un proceso selectivo de 4 exámenes incluyendo una vista oral con un tribunal, con 70 temas y prueba de idiomas para poder quedar dentro de los 10 primeros de 300 presentados, y después de superar un periodo de prácticas. Y me parece que no tengo porqué aguantar que me llamen vaga por la puta cara. No me da la gana.
Asi que hoy, que cumplo un año
en esta locura de empresa que es la administración pública, vengo a defender un poquito nuestra causa.
A pesar de lo que muchos piensan, la existencia de los funcionarios tiene una razón de ser.
Los políticos llegan, hacen y deshacen a su antojo, roban y se van. Los funcionarios nos quedamos, y la rueda sigue girando. Ya puede cambiar el nombre de la Consejería para la que trabajo (que ha ocurrido), puede cambiar el Consejero (que ha ocurrido) y el alto cargo elegido a dedo por él, (que ha ocurrido también), que el trabajo se sigue sacando. Independientemente de quien ocupe los tronos, los colegios, la policía, los juzgados, los hospitales, la administración tributaria, las oficinas de empleo, las residencias de la tercera edad, los ayuntamientos… etc, siguen funcionando.
Y eso es, porque el funcionario para acceder a su puesto no ha tenido que ganarse el favor del empresario, sino que ha hecho unas pruebas de acceso, se ha examinado, y ha superado un periodo de prácticas. Al funcionario no le dan el puesto, lo gana compitiendo con tantos candidatos como quieran presentarse en igualdad de condiciones*. Como no depende de la relación que pueda tener con el político de turno, su puesto permanece aún cuando éste se vaya, por eso
la rueda sigue girando.
¿Se imaginan que pasaría si cada vez que hay un cambio de color en el gobierno, se despidiera sistemáticamente a todos los trabajadores, para sustituirlos por otros afines al nuevo gobernante?
Habría que paralizar el trabajo y empezar de cero. Simplemente, sería el caos.
Ese es el principal motivo de que el funcionario tenga el puesto “para toda la vida” (que no es así del todo, pero casi).
Sobra decir que esto trae una consecuencia clara: la gente se relaja, se acomoda, y empieza a tomarse las libertades que sólo puede tomarse quien se cree inmune. Y digo se cree, porque la realidad es que, aunque es relativamente difícil que pierdas el puesto de trabajo, no es imposible.
No voy a extenderme en las faltas de los funcionarios, ni voy a negar que todas esas cosas existen, porque lo veo con mis propios ojos todos los días, y más de una vez me ha hervido la sangre por ello. Lo que sí quiero defender es que tanta culpa tiene el trabajador que no cumple las normas que se le han puesto, como sus Jefes, y los Jefes de sus jefes, que no les ponen las cabras en el corral.
En el Estatuto Básico del Empleado Público, que el equivalente al estatuto de los trabajadores para este colectivo, están definidos los derechos y deberes de los trabajadores al servicio de la administración, y lo que es más importante el régimen disciplinario y el procedimiento sancionador. (Ley 7/2007 . Título VII)
Esto quiere decir que con la ley en la mano un superior jerárquico puede y debe sancionar al trabajador que incumple con sus deberes. ¿Por qué no se hace? Primero porque muchos jefes incumplen más que sus propios subordinados y dos porque tienen un miedo atroz a que los trabajadores se les echen encima de la mano del sindicato. Y encima, por quitarse problemas, acaban exigiéndole más al que sabe que cumple y que le va a responder, y dando por perdido al que ha conseguido criar la fama de inútil, para poder echarse a dormir (nunca mejor dicho).
En cualquiera de esto casos, yo veo claro que hay un superior, con un puestazo y un sueldazo que está faltando a las responsabilidades por las que se les paga, porque si tanto miedo tienen de los sindicatos es porque saben que algo han hecho mal, y si ellos mismos se saltan las normas de la empresa, ¿cómo van a exigir a sus trabajadores que lo hagan?.
Encima de cada uno de los jefes o directores, hay otros jefes, y por encima otros, hasta que llegamos a los "altos cargos". Gran parte del problema es que la cúspide de la jerarquía está compuesta por estos "altos cargos", que sí son funcionarios, pero están elegidos a dedo por sus superiores (se llama procedimiento de libre designación y también está recogido en el EBEP - art 80) Y claro, ahí llegamos a la madre del cordero, los principales responsables del funcionamiento de la administración pública (y no estoy hablando únicamente de los parlamentarios) están en el puesto no por su valía o su capacidad de gestionar el equipo humano del que hacen cargo, sino por estar afiliados al partido correcto en el momento preciso. Evidentemente, muchos de ellos no están a la altura.
Ojo, no digo que el funcionario "escaquerman" no tenga culpa de nada y sea un pobre ignorante sin capacidad de discernir entre lo correcto y lo incorrecto, lo cierto es que hay demasiados que tienen un máster en sus derechos y en la forma de eludir sus deberes, pero a la hora de exigir responsabilidades, también hay que mirar para arriba.
Y la solución a esto probablemente no es sencilla, pero yo empezaría por buscar herramientas para evaluar el trabajo efectivo, con vistas a premiar el trabajo bien hecho, y por aplicar efectivamente las sanciones que procedan, y ya que estamos controlar mejor el gasto de los gallifantes, y las corruptelas que se fraguan en los despachos.
Pero claro, es más fácil d
ecir que somos todos unos vagos, que no vamos a trabajar en la vida, y de paso bajarnos el sueldo.
Nunca he entendido que haya gente que aplaude y exige las pérdidas de derechos ajenas.
Que la mierda de Transilmonio no caiga sobre tí, Amén.
* Otra historia son los procesos de selección donde hay enchufes y mangas, pero la dejamos para otro post.