Me avisaron de madrugada para que cogiera una avión al día siguiente, ¿sabías que gracias a internet se pueden comprar billetes a las 3 de la madrugada?, cuando pregunté que dirección debería darle al taxista al llegar, se confirmaron las sospechas que me habían tenido en vela toda la noche, así, de la noche a la mañana, te fuiste.
No me hace falta cerrar los ojos para volver a ese día, para ver a Abuelo con los ojos encharcados, haciéndose preguntas que nadie le podría responder, y ver a mi madre despidiéndose de ti...
¿Sabes? me volvías loca, querías saber cosas que yo no te podía contar; no es que este haciendo nada malo, pero sé que no lo entenderías. Todos somos victimas de nuestra educación, y entre la que tu recibiste y la mía hay un abismo generacional casi insalvable.
Recuerdo la última vez que te vi, pasé por tu casa a darte unos regalos del último viaje que hice, quiza no lo sabes, pero ya casi nunca compro regalos cuando voy de viaje, pero a ti sí, porque sabía que te hacía ilusión. Recuerdo que te compré una bonita bolsa para ir al mercado, y te expliqué que los supermercados iban a quitar las bolsas de plástico... y tu razonamiento me sorprendió:
- ¿ y si ya no nos dan bolsas, cuando yo quiera regalarle unas poquitas de ciruelas a alguien, cómo lo hago? ¿tengo que comprar una bolsa?
Pues también es verdad,
Qué cosas recuerda una, ¿no crees?
Ayer fui a una misa por tí, fui porque es importante para abuelo y para mi madre. Hacía años que no asistía a una misa, y es que hace años que deje de creer en lo que tú tan fuertemente creias. Lo cierto es que no presté atención, e incluso algunas cosas me daban risa, que le vamos a hacer, te salio una nieta un poco hereje... pero no necesito una misa para echarte de menos.
¿Sabes?
Anoche lloré otra vez en silencio...