¡Hola gente!
Este país se va a la mierda, eso es así. Y todos los días nos quejamos de lo mal que va todo, de lo injusto e inútil de las medias que se están tomando, de lo negro que está el futuro, de lo difícil que resulta encontrar o mantener un trabajo.... y suma y sigue.
Nos vamos impregnando de una ola de pesimismo que nos cubre como piche (chapapote) y nos va jodiendo los días, tanto que a veces preferimos desconectar del mundo y de los problemas que tenemos, para encerrarnos en nuestra pequeña cotidianidad libre de Rajoys, y males similares (al menos aparentemente) para poder respirar.
Y luego llega el día de la huelga y nos planteamos si realmente merece la pena perder un día de sueldo, o mover el culo para ir a la manifestación, si total, "estos cabrones hacen lo que quieren" y nosotros no vamos a impedirlo.
Pero esta semana ha ocurrido algo que me ha hecho pensar si necesitamos un nuevo planteamiento, o al menos uno complementario.
Todo empezó en mi pequeña cotidianidad, concretamente en el trabajo. No os he hablado mucho de él, pero lo cierto es que, aún cuando en este momento soy una privilegiada por tener un trabajo estable con unas condiciones laborales decentes (aunque en fase de empeoramiento), el lugar donde trabajo me genera
grandes dosis de frustración.
Al poco de entrar, los novatos ya nos dimos cuenta de que había demasiadas cosas que no funcionaban, tanto a nivel interno, como a nivel externo. Llegábamos a un departamento que aunque era relativamente de nueva creación llevaba ya varios años funcionando, y nos encontramos que estaban en pañales, que inexplicablemente no habían terminado de definir una forma de trabajo propia, que aquí cada uno hacía las cosas a su manera, y los resultados variaban mucho en función del autor, cuando todos tenemos que hacer lo mismo. Durante el último año, nos hemos encontrado con que cada trabajo que había que hacer, prácticamente había que empezarlo de cero, porque no se habían sentado las bases, ni establecido directrices ni modelos, y son necesarios. Y muchas veces,
ni los propios jefes sabían lo que había que hacer.
A esto se suman otras cuestiones, relacionadas con la forma de ser de algunos mandos, y su forma de gestionar el personal, y especialmente con la ausencia de toma de decisiones por parte de quien las debe tomar. Hay días en que me parece que el único motivo para ir a trabajar es que a final de mes me paguen el sueldo, y eso, cuando no llevo ni dos años en el puesto, (y poco más en el mundo laboral) es muy triste.
Total que venía yo comentando lo terrible que era todo en el departamento con una compañera, y me suelta: "¿Tú te has parado a pensar en la vuelta que nosotras le hemos dado al departamento en este último año? desde que entramos, se han sacado procedimientos nuevos, se ha diseñado un modelo de trabajo, que le da 20 vueltas a lo que existía y a lo que se hace por ahí, incluso, con tu trabajo se está empezando a cambiar el sistema de archivo..."
Es verdad, el departamento funcionaba malamente, pero los novatos hemos entrado con ganas, y hemos conseguido que cambien cosas, hemos aportado nuestro granito de arena (o un saco de ellos), de forma que el sistema de trabajo va saliendo, y no es algo ajeno a nosotros e impuesto, sino nuestra pequeña criatura. Queda mucho camino por recorrer, pero estamos siendo actores del cambio.
Y al poco de tener esta conversación, leo en facebook, en un perfil de una agrupación de funcionarios muy reivindicativa, un listado de cosas que se han conseguido recientemente, en este caso a nivel de canarias, con presión social, y denunciando y dando difusión a los chanchullos de los que no enterábamos, poniendo en letras grandes los datos económicos, los sueldos desproporcionados, los gastos inútiles y sobredimensionados, la situación real frente a la que nos pretenden vender.
Con todo esto me he preguntado ¿y sí además de denunciar todas las injusticias que se han venido cometiendo, y que son causa o consecuencia la crisis, nos dedicamos a ensalzar esos pequeños logros que la prensa tiende a minimizar?
¿Es acaso un nimiedad que hayamos conseguido sacar a miles de personas a las calles en todo el país simultánemente? ¿Carece de importancia que todos los días se estén paralizando desahucios a fuerza de presión popular? ¿Que personas que no se conocen entre sí, se planten en la puerta de un edificio para darle un par de meses más de oxígeno a un tercero que está a punto de perder su casa? ¿Podemos obviar el hecho de que una respuesta agresiva del gobierno contra los derechos básicos de manifestación y huelga son una muestra clara de que tienen miedo de que cojamos más poder?
Y si bien, las causas son claramente interesadas y electoralistas, el gobierno ha hecho alguna que otra cosa bien, como reducir el uso de coches oficiales (aunque yo lo reduciría más).
Estoy segura de que a nivel local se han ido consiguiendo pequeños logros, y merece la pena difundirlos junto con las tropelías de quienes nos gobiernan y nos han gobernado (y no sólo desde los escaños). Tenemos que alimentar nuestra lucha con las pequeñas batallas ganadas.
Se llama feedback positivo, y nos vendría de puta madre.
Que la mierda de Transilmonio no caiga sobre tí, Amén.
PD: El constitucional le ha dado una patada en los webos al PP y al foro de la familia. Y yo me alegro infinitamente, sólo lamento que hayan tardado tanto en decir algo que es de cajón. Que los derechos son para todos. No tengo claro hasta que punto la opinión pública ha podido influir en el dictamen del tribunal, se supone que deben ser imparciales, pero para mí, es una pequeña victoria.