sábado, 26 de febrero de 2011

¿somos tán anónimos como creemos?


A pesar de que hay blogueros que no tienen problema en usar su nombre y su cara reales en internet, muchos, creamos el blog bajo un alias, nos inventamos un nombre y un avatar que nos identifiquen, y en definitiva construimos un personaje que es más o menos parecido a nuestro yo real. Hacemos esto  para poder escribir lo que nos apetezca, creyendo que nadie podría  atribuirnos con certeza la autoría de esas palabras, el blog es nuestro pequeño secreto, nuestro escondite virtual. Jugamos al despiste, usamos nombres en clave para nombrar a la gente de nuestro entorno, y evitamos dar datos demasiado personales.  Y esto no es solo por seguridad, sino porque queremos postear desde el anonimato.

Pero si el blog va medianamente bien pronto nos sentimos cómodos en este medio y con los lectores habituales; empezamos a dar un poquito más de nosotros. En cierto modo se siente como si nuestro pedacito de internet fuera una reunión secreta de unos pocos, esos blogueros que sentimos ya como amigos a fuerza de leernos y comentarnos mutuamente. Pero, lo cierto es que, esta reunión es a puerta abierta, cualquiera puede entrar, saber de lo que se habla y opinar libremente.
Y "cualquiera" incluye a personas de nuestra vida real, gente que nos conoce, en mayor o menor grado, gente con la que no necesariamente compartiríamos lo que escribimos en el blog, o alguien con quien ya no te llevas, o alguien a quien no dejarías llegar más allá de un saludo cordial.

Por eso, el anonimato no está encaminado tanto hacia esos potenciales lectores con los que nunca has coincidido en la vida real, que incluso viven a kilómetros de tí y que en realidad, llegado un punto no te importaría conocer para tomarte un café o unas cañas.

Ellos no son un problema, el anonimato está pensado para que si alguien que te conoce en la vida real llega al blog, no sepa que quien se esconde detrás de las líneas es familiar suyo, o su compañera de clase o de trabajo...o incluso su alumna o su empleada. Y eso es más dificil de lo que parece, porque aunque cambiemos los nombres, nuestros conocidos se podrían reconocer en las situaciones que relatamos, con un par de anécdotas, pueden atar cabos sin problemas, o por lo menos sospechar (Eso sin hablar de lo cotilla que puede resultar el historial del explorador o los favoritos, que es otro asunto).  Entonces ¿qué hacemos? ¿omitimos todo tipo de anécdotas? Eso le quitaría mucha salsa a los blogs, porque entonces solo nos quedaría hablar de política, religión, ocio y cuatro cosas más. También podemos distorsionarlas lo suficiente para que no queden igual que las originales, pero entonces ya no son nuestras vivencias, son como el reflejo de un espejo de feria de las mismas y, aunque podría valer, no es lo mismo. Muchos hemos llegado a un punto en el que queremos compartir en el blog lo que sentimos, lo que opinamos por polémico que sea, y también esas cosas del día a día, que rompen la rutina y nos arrancan una sonrisa o una lágrima.


Hoy por hoy, el anonimato de este blog es un chiste, a pesar de haberlo abierto como un experimento, sin decírselo si quiera a peibol, a estas alturas ya lo conocen varias personas de mi vida real. Sé de compañeros de clase que tienen la dirección del blog, pero sólo tengo constancia de que me lea uno de ellos, y algunas de mis amigas también conocen el sitio, porque he acabado dándoles la dirección directamente, (maldito ego). Además, todo el que llegue aquí a través de mi hermano, sabiendo que es él, sabrá enseguida quién soy yo.

Por eso en este blog ya no puedo escribir tooodo lo que me de la gana, creyendo que nadie sabe quién es la exorsister. Estoy segura que más de una vez me he despistado y he dado más información de la cuenta, pero creo que por lo general (siempre hay excepciones), no cuento en el blog nada que no contaría en la vida real, al menos a las personas cercanas a mí. Y hay cosas, las que afecten a mis familiares, amigos,  pareja, conocidos, esas cosas, las dejo para la vida real; donde puedo decirlas o callarlas, pero a la cara. 

Intento no hablar mal de personas conocidas, solo de gente anónima, o de los políticos, la iglesia, los famosos, las putas cadenas de circovisión, y bueno de la loca que canta en la biblioteca. (que por cierto ya debe haber subido al cielo, porque las últimas veces que pasé por allí ya no estaba).

Tampoco me desahogo sin reparos los días en que me siento como un ser ínfimo en el universo y todo lo veo negro (que todos tenemos días de esos), y mira que a veces he tenido ganas de hacerlo, para leer vuestros mensajes de ánimo y que me suban la moral. Esos días, no me contengo por vosotros, los habituales, que seguro que me daríais todo vuesto apoyo y consejo, lo hago porque sé que hay gente que me lee con la que podría estar tomándome una caña mañana, y son cosas que prefieron que no lean. A veces resulta más fácil sincerarse con un desconocido, con una pantalla de por medio, que con un amigo que tienes a 1 metro (1). ¿O sólo me pasa a mí?

Total, que os acabo de largar un ladrillo sobre el anonimato, y al pensar en todo ésto no puedo evitar preguntarme qué es lo que sabeis vosotros sobre mí solo de leerme, y sobre todo si sería buena idea preguntarlo y que quede ya todo resumido en los comentarios de este post, o mejor dejar que la información siga dispersa en dos años y poco de entradas. (2)

¿Y vosotros cómo lo veis?


Que la mierda de Transilmonio no caiga sobre tí, Amén.

(1) Hace unos días he leido un tweet (muy cierto) que decía algo así:  Mandamos abrazos y besos a conocidos por email y somos incapaces de llamar a nuestra madre para decirle que la queremos. 

(2) Casi prefiero que se queden donde estén, y que el que quiera saber algo de mí se moleste en recopilarla.

sábado, 19 de febrero de 2011

Pensamientos paralelos..

Primero música para ambientar

Arranco el coche, me pongo las gafas de sol. Salgo del aparcamiento, un stop, una rotonda y un semáforo más tarde estoy entrando en la autopista. Acelero poco a poco, y me cambio de carril, alcanzo el último. Acaricio el pedal del acelerador, empiezo a coger velocidad. Es una sensación genial. Hace un día espléndido, el sol luce y la carretera está despejada.
Alcanzo los 120, las manos sobre el volante, la vista al frente. Subo la radio. Suenan exitos de los 80. Un parte de mi cerebro está en la carretera, otra divagando no se sabe dónde, posiblemente redactando mentalmente un post.


La autopista se hace más pendiente, suelto suavemente los pedales. El motor en quinta, y la combinación de inercia y gravedad lo mantienen a 100 por hora, no hay necesidad de acelerar. Es una sensación curiosa, como si me dejara caer por una pendiente con la bicicleta.

Me aparto del carril de adelantamiento para dejar a los que van apurados. Diría que no entiendo el afán de bajar a 130 cuando en unos cientos de metros van a tener que frenar para entrar a la ciudad, pero yo solía ser así. Solía bajar a toda mecha, hasta que me dí cuenta que la última curva podía esconder una cola de coches, de esas que te obligan a dar un buen frenazo en el último momento, cerrando la boca para que el corazón no se te saliera por ella. Con el tiempo aprendes que la diferencia entre bajar a 90 o a 130 se la comen los semáforos al final de la autopista.

Miro al frente, la ciudad va emergiendo poco a poco, y al fondo el mar, los barcos anclados en la bahía; un poco más allá las montañas de Anaga. Según me voy acercando los edificios van creciendo y el mar parece desaparecer, pero nada más lejos de la realidad, al fondo de la avenida, el manto azul resurge entre los edificios.


Se podría pensar que viviendo en una isla, una se siente encerrada, pero la visión del mar siempre me inspira libertad. Sólo hay que ir más allá de las olas

Sospecho, que me gusta conducir.

Que la mierda de Transilmonio no caiga sobre tí, Amén.

sábado, 12 de febrero de 2011

Fabricando para tirar

Hacía tiempo que no os daba el coñazo con rollos pseudoecologistas.
El domingo pasado fui con M. a una conocida heladería aquí en la isla. Pedimos una copa de helado de esas de varios sabores y me encontré, coronando mi postre, uno de éstos.

Muy bonito, sí, pero ¿realmente es necesario gastar madera y plástico para adornar mi helado 30 segundos?  Porque si lo piensas, la sombrillita cumple su función durante no más de un minuto. Quiero suponer que no reutilizan las sombrillitas por higiene, por lo que estarán comprando mensualmente bolsas enteras de adornos que ponen en los helados y que en cuanto llegan a la mesa los clientes quitan, y dejan sobre la servilleta. Vaya gasto más estúpido ¿no?

Este es solo un ejemplo de la cantidad de objetos que hoy en día se fabrican sabiendo que van a ser desechados más rápidamente de lo que se construyeron, y sí, es muy cómodo comprar "menaje" de plástico para una chuletada y una fiesta (yo soy la primera que lo hago), pero tampoco hay que abusar.

Por ejemplo, usamos el papel de aluminio como si creciera en los árboles, y nada más lejos de la realidad. El aluminio es un metal relativamente abundante en la tierra, pero existe una cantidad limitada, y además hay que extraerlo de la bauxita mediante un proceso industrial que consume energía y recursos, y luego tratarlo para que adopte esa forma, consumiendo más energía y recursos. Total para que después de desenvolver al bocadillo acabe en la basura, y por tanto vaya a un vertedero donde no va a poder recuperarse. Porque esa es otra, muchos en casa separamos la basura (aunque tengamos nuestras dudas sobre si el ayuntamiento después hace lo correcto), pero si estás en la calle, en el monte, o en una fiesta en casa de otro, no te tomas esas molestias*

Por eso cuando se habla del reciclaje es eslogan más repetido es reducir, reciclar y reusar, porque no sólo se trata de tirar las latas al contenedor amarillo, también se trata de reducir la cantidad de residuos que generamos o, en otras palabras, la cantidad de materias que consumimos, y de reutilizar los objetos que tenemos en lugar de simplemente desecharlos y comprar más.


Dicen que para mantener nuestro ritmo de consumo actual, necesitaríamos casi ocho planetas Tierra, lástima que solo tengamos uno.

Actualización:
Que la mierda de Transilmonio no caiga sobre tí, Amén. - Que se recicle.

*Sólo una vez fui a una chuletada en la que las organizadoras colocaron dos bolsas de basura, una de ellas exclusiva para las latas de cerveza y demás envases, y otra para basura normal. Chapeau!

martes, 8 de febrero de 2011

Viva la gente ...

Todos estamos cansados de tropezarnos con mala gente, con cabrones y cabronas que nos amargan la existencia, y "descendientes de prostituta" que se interponen en nuestro camino sin ningún fin más allá de fastidiarnos. Poco a poco nos volvemos más desconfiados y más cínicos.
Y entonces aparece una persona que te devuelve la fe en la gente. ¿Recordais a la funcionaria que me dijo que lo había hecho muy bien despues de la lectura del examen de la oposicion?.  Pues, el día del tercer examen, cuando pregunté la hora, porque no tenía reloj, se quitó el suyo y me lo dejó en la mesa. Cuando fui a devolvérselo me dijo que "ojalá aprobara porque le había gustado mucho como había hecho el segundo examen", que era "una de las mejores que había visto", y que "de corazón esperaba que sacara la plaza porque me la merecía" y así. Y todo eso, sin conocerme de nada.

Esta semana la he vuelto a ver, cuando he ido a entregar una documentación que me pedía, y me recibió con un "¿Aprobaste? Felicidades, estaba pendiente de tí", y me dió dos besos. Cuando terminé con los papeles, pasé por su mesa a despedirme y estuvimos un rato hablando, me decía cosas como "de verdad que me alegro que lo hayas conseguido","estaba preocupada porque se oían rumores, pero ahora veo que han sido justos y no han favorecido a los interinos" ,"porque yo tengo hijos, y es lo que una desearía para ellos, que compitan en igualdad de condiciones" y así.

Esa señora no me conoce de nada, ni a ningún familiar mío, y es compañera de oficina de algunos interinos que competían por el mismo puesto que yo; sin embargo estaba convencida de que me merecía el puesto, y se alegró por mí como si fuera familia suya, o casi. Y me ofrecio que para cualquier cosa, que ya sabía donde estaba.

Son el tipo de cosas que te hacen volver a creer en la gente.

Que la mierda de Transilmonio no caiga sobre tí, Amén.

viernes, 4 de febrero de 2011

Emparejando ideas (II)


Pareja es, sin duda, un término curioso. 

Para empezar hace referencia tanto al conjunto de dos individuos (A y B son pareja), como a cada individuo de ese conjunto en relación al otro (A es la pareja de B y viceversa). Y por otra parte, no denota género, la pareja de B puede ser un chico o una chica.

Siendo como es, un término ambiguo por naturaleza, no es de extrañar que haya sido adoptado por todos aquellos que no quieren usar los términos de novio o novia para sus relaciones.

Existen distintos motivos, hay  personas como Pecosa, Elvira y Ana a las que la palabra novio no les gusta, las razones las apunta JuanRa, lo de NOVIO suena como más serio o distinto, como si lo que se entiende por novio no se ajustara a sus respectivas relaciones.

Aitor por su parte dice, con un comentario bastante ambiguo, que sus parejas no llegan a alcanzar la categoría de novios o novias, porque la relación no dura lo suficiente, lo que refuerza la idea de que algunas personas rechazan “novi@” por el grado de compromiso que les sugiere la palabra, no porque tengan un especial interés en mantenerse en el género neutro. (que no existe en castellano, pero ya me entendeis)

Pero son muchos los que, como “Take Your Mama Out” lo usan (o lo usaban) para aprovechar su neutralidad, y no dar demasiada información, o más concretamente información relativa al género, de su “pareja”. Y yo veo un porqué claro para esto, como afirma Islander! “aún queda mucha gente a la que le da cosa decir que es gay y mucho gilipollas que sigue viendo rara la homosexualidad”.

Así que pareja en ambos casos es una palabra comodín, dado que, se utiliza para evitar otra.

Ahora si volvemos a la cuestión de “es raro que una chica diga pareja en lugar de novio”, a lo mejor “es raro” no es la expresión más adecuada, quizá como dice Sara “levanta o confirma sospechas”. Bichejo cuenta que le preguntaron si se iba a casar con un hombre, lo que me hace suponer que en algún momento alguien pensó que ella estaba con una mujer, ¿por un uso de lenguaje neutro quizá?

Las opiniones de Islander! , Jezabel JuanRa,, H@n, Sara, Illuminatus y la propia Bichejo respaldan esta teoría.Varios de ellos han confirmado que en una situación similar, hubieran supuesto lo mismo, porque ven este segundo uso más común

Ahora, de suponer a darlo por sentado hay un paso, y quizá para ello hace falta tener algo más de información (ver a la individua morreándose con otra chica, o que tiene tías buenas de fondo de pantalla, ayuda). Además, puede ocurrir que si una persona usa deliberadamente el término “pareja” para evitar decir cosas como mi novi@, mi chic@, mi compañer@... (¿por qué no te gusta Zorro?) quizá no se sienta cómoda si el interlocutor le suelta en la cara que ha interpretado que es gay (sea verdad o no). Ahí, cada persona, y el grado de confianza que haya entre ellas será la que determine si se cruza esa línea o se deja estar. Como dice Speedygirl, se pueden dar malentendidos muy incómodos si se sobreentienden cosas.

Otra cuestión sería “¿a ti qué cojones te importa si esta chica tiene novio, novia o equivalente afectivo-amoroso por determinar? ¿es ese el tema de conversación?”.  Porque debería dar igual, pero lo cierto es que para muchos, enterarse de que fulanito o menganita es homosexual es un chisme de los buenos, o un shock, o un motivo para burlarse o para empezar a mirar a esa persona de otra forma, como si ya no fuera la misma, como si estuviera en otro universo paralelo que nada tiene que ver con el suyo. Y ese es un buen aliciente para no dar información personal; el evitar ser etiquetado como "diferente".

A todas estas yo, aunque lo de pareja no me gusta demasiado, en algunas ocasiones sí que lo uso, porque, cosas de la vida, a mis veintitantos, y después de 4 años y pico de relación, hay veces en las que me resulta raro decir, a gente con la que no tengo confianza, que M. es mi novia.

Que la mierda de Transilmonio no caiga sobre tí, Amén.