A pesar de que hay blogueros que no tienen problema en usar su nombre y su cara reales en internet, muchos, creamos el blog bajo un alias, nos inventamos un nombre y un avatar que nos identifiquen, y en definitiva construimos un personaje que es más o menos parecido a nuestro yo real. Hacemos esto para poder escribir lo que nos apetezca, creyendo que nadie podría atribuirnos con certeza la autoría de esas palabras, el blog es nuestro pequeño secreto, nuestro escondite virtual. Jugamos al despiste, usamos nombres en clave para nombrar a la gente de nuestro entorno, y evitamos dar datos demasiado personales. Y esto no es solo por seguridad, sino porque queremos postear desde el anonimato.
Pero si el blog va medianamente bien pronto nos sentimos cómodos en este medio y con los lectores habituales; empezamos a dar un poquito más de nosotros. En cierto modo se siente como si nuestro pedacito de internet fuera una reunión secreta de unos pocos, esos blogueros que sentimos ya como amigos a fuerza de leernos y comentarnos mutuamente. Pero, lo cierto es que, esta reunión es a puerta abierta, cualquiera puede entrar, saber de lo que se habla y opinar libremente.
Y "cualquiera" incluye a personas de nuestra vida real, gente que nos conoce, en mayor o menor grado, gente con la que no necesariamente compartiríamos lo que escribimos en el blog, o alguien con quien ya no te llevas, o alguien a quien no dejarías llegar más allá de un saludo cordial.
Por eso, el anonimato no está encaminado tanto hacia esos potenciales lectores con los que nunca has coincidido en la vida real, que incluso viven a kilómetros de tí y que en realidad, llegado un punto no te importaría conocer para tomarte un café o unas cañas.
Ellos no son un problema, el anonimato está pensado para que si alguien que te conoce en la vida real llega al blog, no sepa que quien se esconde detrás de las líneas es familiar suyo, o su compañera de clase o de trabajo...o incluso su alumna o su empleada. Y eso es más dificil de lo que parece, porque aunque cambiemos los nombres, nuestros conocidos se podrían reconocer en las situaciones que relatamos, con un par de anécdotas, pueden atar cabos sin problemas, o por lo menos sospechar (Eso sin hablar de lo cotilla que puede resultar el historial del explorador o los favoritos, que es otro asunto). Entonces ¿qué hacemos? ¿omitimos todo tipo de anécdotas? Eso le quitaría mucha salsa a los blogs, porque entonces solo nos quedaría hablar de política, religión, ocio y cuatro cosas más. También podemos distorsionarlas lo suficiente para que no queden igual que las originales, pero entonces ya no son nuestras vivencias, son como el reflejo de un espejo de feria de las mismas y, aunque podría valer, no es lo mismo. Muchos hemos llegado a un punto en el que queremos compartir en el blog lo que sentimos, lo que opinamos por polémico que sea, y también esas cosas del día a día, que rompen la rutina y nos arrancan una sonrisa o una lágrima.
Ellos no son un problema, el anonimato está pensado para que si alguien que te conoce en la vida real llega al blog, no sepa que quien se esconde detrás de las líneas es familiar suyo, o su compañera de clase o de trabajo...o incluso su alumna o su empleada. Y eso es más dificil de lo que parece, porque aunque cambiemos los nombres, nuestros conocidos se podrían reconocer en las situaciones que relatamos, con un par de anécdotas, pueden atar cabos sin problemas, o por lo menos sospechar (Eso sin hablar de lo cotilla que puede resultar el historial del explorador o los favoritos, que es otro asunto). Entonces ¿qué hacemos? ¿omitimos todo tipo de anécdotas? Eso le quitaría mucha salsa a los blogs, porque entonces solo nos quedaría hablar de política, religión, ocio y cuatro cosas más. También podemos distorsionarlas lo suficiente para que no queden igual que las originales, pero entonces ya no son nuestras vivencias, son como el reflejo de un espejo de feria de las mismas y, aunque podría valer, no es lo mismo. Muchos hemos llegado a un punto en el que queremos compartir en el blog lo que sentimos, lo que opinamos por polémico que sea, y también esas cosas del día a día, que rompen la rutina y nos arrancan una sonrisa o una lágrima.

Hoy por hoy, el anonimato de este blog es un chiste, a pesar de haberlo abierto como un experimento, sin decírselo si quiera a peibol, a estas alturas ya lo conocen varias personas de mi vida real. Sé de compañeros de clase que tienen la dirección del blog, pero sólo tengo constancia de que me lea uno de ellos, y algunas de mis amigas también conocen el sitio, porque he acabado dándoles la dirección directamente, (maldito ego). Además, todo el que llegue aquí a través de mi hermano, sabiendo que es él, sabrá enseguida quién soy yo.
Por eso en este blog ya no puedo escribir tooodo lo que me de la gana, creyendo que nadie sabe quién es la exorsister. Estoy segura que más de una vez me he despistado y he dado más información de la cuenta, pero creo que por lo general (siempre hay excepciones), no cuento en el blog nada que no contaría en la vida real, al menos a las personas cercanas a mí. Y hay cosas, las que afecten a mis familiares, amigos, pareja, conocidos, esas cosas, las dejo para la vida real; donde puedo decirlas o callarlas, pero a la cara.
Intento no hablar mal de personas conocidas, solo de gente anónima, o de los políticos, la iglesia, los famosos, las putas cadenas de circovisión, y bueno de la loca que canta en la biblioteca. (que por cierto ya debe haber subido al cielo, porque las últimas veces que pasé por allí ya no estaba).
Tampoco me desahogo sin reparos los días en que me siento como un ser ínfimo en el universo y todo lo veo negro (que todos tenemos días de esos), y mira que a veces he tenido ganas de hacerlo, para leer vuestros mensajes de ánimo y que me suban la moral. Esos días, no me contengo por vosotros, los habituales, que seguro que me daríais todo vuesto apoyo y consejo, lo hago porque sé que hay gente que me lee con la que podría estar tomándome una caña mañana, y son cosas que prefieron que no lean. A veces resulta más fácil sincerarse con un desconocido, con una pantalla de por medio, que con un amigo que tienes a 1 metro (1). ¿O sólo me pasa a mí?
Total, que os acabo de largar un ladrillo sobre el anonimato, y al pensar en todo ésto no puedo evitar preguntarme qué es lo que sabeis vosotros sobre mí solo de leerme, y sobre todo si sería buena idea preguntarlo y que quede ya todo resumido en los comentarios de este post, o mejor dejar que la información siga dispersa en dos años y poco de entradas. (2)
¿Y vosotros cómo lo veis?
Que la mierda de Transilmonio no caiga sobre tí, Amén.(1) Hace unos días he leido un tweet (muy cierto) que decía algo así: Mandamos abrazos y besos a conocidos por email y somos incapaces de llamar a nuestra madre para decirle que la queremos.
(2) Casi prefiero que se queden donde estén, y que el que quiera saber algo de mí se moleste en recopilarla.



