ALERTA
SPOILER: Voy a destripar y criticar
el primer capítulo de la segunda temporada de la serie "El
Barco", así como algunos aspectos de la primera temporada para
ponernos en contexto.
(Y
sí, me ha quedado un poco largo, pero es que hay mucho que contar).
El
barco es una serie de ficción de Antena tres con el siguiente punto
de partida: un buque-escuela con una veintena de personas sale de
puerto para un viaje de un par de meses, y luego resultan ser los
únicos supervivientes del planeta, cuando el mundo se va a tomar por
culo por culpa de un accidente del acelerador de partículas europeo.
Navegan por un interminable océano, con la esperanza de encontrar el
1% de tierra seca que ha quedado.
Cada
capítulo dura unos 80 minutos (sin publicidad) y conforma una pieza
única de la mayor colección de despropósitos y fantasmadas que se
ha visto en mucho tiempo, que sí, que es ficción, pero estoy
convencida de que los guionistas fuman algo muy chungo.
Empecemos
por algunos de los pilares de la serie, que hemos visto en la
temporada 1:
¿Como
consiguen sobrevivir a la catástrofe geológica que supone la
desaparición de toda tierra conocida?
Manteniéndose
en unas coordenadas exactas que una misteriosa pero guapa científica
que hay a bordo (y que oculta algo ¡chan chan chan chaaaan!) les
dice. Es decir, en medio de un cataclismo mundial, que se origina en
Europa y hace desaparecer prácticamente todos los continentes, un
barco que sólo unas horas antes ha zarpado de un puerto español (no
me queda claro si el sur de la península o canarias) se salva
quedándose QUIETO en una posición estratégica. Claro que sí,
campeón.
¿Y
cómo saben que la tierra ha desaparecido?
Pues
cuando intentan volver a tierra y no la encuentran, quieras que no
empiezan a sospechar algo, pero además la científica misteriosa que
algo oculta tiene un maletín del fin del mundo, con instrucciones
detalladas, y una muy práctica conexión con un satélite que le
manda imágenes de la Tierra completamente vacía de tierra.
 |
| Bienvenida al fin del mundo, para ver el satélite pulse 1, para cortarse las venas pulse 2.... |
Pero
como de incrédulos e ingratos está el mundo lleno, los niñatos del
barco se amotinan convencidos de que eso es un experimento
sociológico (ríete tú del gran hermano) y que no están para que
les estén tomando el pelo. Y como además el destino es así de
oportuno, justamente cae un avión a pocos metros del barco, que
lejos de mandarles a tomar por culo con la ola que generaría el
impacto, les proporciona la oportunidad de sumergirse a buscar la
caja negra, (también es suerte que sólo hubiera 50 metros de
profundidad en alta mar). Cuando la escuchan (por lo visto es
facilismo recuperar la grabación y conectarla al sistema de
megafonía del barco) se oyen las transmisiones de decenas de
pilotos, que descubren con sorpresa que no existe ni un solo
aeropuerto en el que aterrizar.
¿Y
por qué no deciden follar en masa (como si no hubiera un mañana),
darse un festín con las reservas de la despensa, y sobre la marcha
ponerse una batamanta y suicidarse colectivamente antes de morir de
inanición?
Porque
un alumno aventajado termina de escuchar la grabación, y la última
es de un piloto que encuentra una islita en medio de la nada y avisa
que va a aterrizar. Un isla en medio de todo un océano planetario,
una isla cuyas coordenadas se desconocen porque el avión que la ha
localizado no tiene el detalle de darlas por radio (si es que la
gente es de un desconsiderado... ).
¿Y
si es el fin del mundo no se acabará todo?
Es
posible, pero ellos no parecen tener apuro por racionar los bienes
básicos. Eso son mariconadas, si el capitán tiene que hacer una
cena de gala para demostrarle a su hija veinteañera que no tiene problemas con que el
profesor cuarentón malo maloso (que
también oculta algo) se la esté cepillando, ¡pues se hace! Y si
eres protagonista y tienes que tomarte una coca-cola viendo atardecer en pose sexy mientras reflexionas sobre lo mal que te viene en este momento que se
acabe el mundo, ¡pues también! ¡Siempre podremos comer pescado y
estamos rodeados de agua… salada. ¡Oh, wait!
El
combustible se acaba en la primera temporada, pero un momento dado,
para escapar de un volcán submarino que casualmente va a entrar en
erupción debajo del barco, fabricamos biocombustible en un momentito
en el laboratorio de la científica misteriosa que algo oculta (y que
lo mismo vale para un roto que para un descosido) y con un par de
litritos nos separamos 100 metros del volcán y ya está. ¡Salvados!
¿Y
la electricidad? ¡No hay problema! Las hélices están acopladas a
un generador y producen electricidad, es más, son taaaaan estupendas las
hélices, que después de que se acabe el combustible siguen dando
electricidad a espuertas para los portátiles de los chicos, la
cocina, y los aparatos de navegación. ¡Quiero un sistema de esos
para mi casa a la de ya!
 |
| ¡Jo tía, se ha caído la conexión del facebook! |
Y
vayamos con el primer capítulo de la segunda temporada
Después
de meses abandonados a su suerte, reciben comunicación de otra nave,
concretamente de la estación espacial internacional. Los pobres
astronautas se han quedado sin sistema de producción de oxígeno y
han decidido botarse en una nave de lanzamiento al mar, y piden que
los del barco les recojan (o lo que quede de ellos después de la
caída). El capitán da su palabra, y sólo después de eso le
comentan un pequeño detalle: se acerca un ciclón que lo flipas,
exactamente hacia la posición del barco, pero el capitán es un
hombre de honor, y dice que por sus cojones los recoge.
A
todas estas la científica misteriosa tiene mal de amores y se pone
ciega a bloodymarys con la cocinera (¿pero no habían gastado el
alcohol para hacer biodiesel?), pero, fíjate tú qué cosas, el
capitán se va desmayando por las esquinas de dolor. Al parecer el
señor no encontró otro día mejor para sufrir una apendicitis
galopante. Así que la científica-doctora misteriosa no tiene otra
que meterse en la ducha a ver si se le pasa el pedo, mientras un
alumno le va leyendo de un libro cómo se hace la operación, porque
la chica tiene la carrera de medicina (entre otras), pero nunca ha
hecho esa intervención (y es que ser misteriosa es una actividad que
quita mucho tiempo).
Y
claro, el primero de a bordo, que se ve que es menos de honor y más
de sobrevivir, no está dispuesto a dejarse engullir por un ciclón
para salvar a tres cochinos astronautas y aprovecha que el capitán está fuera
de juego para mover el culo del barco lejos de la tormenta. Pero
entonces el capitán se levanta de la camilla, y se da de ostias con
él para defender su honorable punto de vista, hasta que parece
entrar en razón, y admitir que prefiere dejar morir a los señores
astronautas para salvar a su tripulación.
¡Pero
nooooo!, era todo una sucia treta, porque mientras el primero de a
bordo empieza a dar instrucciones para empezar a navegar otra vez,
descubre que el capitán, fiel a su palabra y ardiendo en fiebre por
una apendicitis brutal, decide coger UNA LANCHA NEUMÁTICA y salir en
medio de la tormenta que ya tienen encima a rescatar a los
astronautas. Él solo. Con un par.... de neuronas fundidas, porque
hay que ser gilipollas para pensar que vas a sobrevivir sobre un
cacho de plástico, a una tormenta que amenazaba con poner el barco
en la punta del Everest, si el Everest no hubiera desaparecido en el
cataclismo del primer capítulo.
 |
| ¿No me sale honor por los costados? |
Como
son amiguitos y se quieren mucho de una forma no homoerótica, el
capitán decide volver al barco y operarse, y el primero de a bordo
decide ir a buscar los astronautas para que el capitán no falte a su
palabra. Pero claaaaaro, con semejante ciclón encima, no pueden
sacar las velas, porque las perderían en cero coma... así que el
capitán, visiblemente perjudicado ya, decide que hay que FABRICAR
REMOS con las tablas de las literas (¡¡más madera!!) y como si de
una galera romana se tratase, atravesar un maretón de mil demonios
remando, y todo ello en menos de 10 minutos, bricomanía incluida.
Que digo yo que esa gente luego querrá seguir durmiendo en literas,
pero oye.
Y
aquí los alumnos, que son más majos que las pesetas, en lugar de
amotinarse, encerrar al capitán en la bodega, atar al primero al
palo mayor, y poner pies en polvorosa, acceden, desarman sus literas,
montan unos remos monísimos en un momentito, y se dejan los brazos y
el aliento para remar 7 MILLAS Y MEDIA (13 km) (¿he mencionado que
había una tormenta épica azotando el barco?) en busca de la cápsula
de los astronautas, mientras el capitán dirige la maniobra.
¿Pero
el capitán no estaba cayéndose por las esquinas por una
apendicitis? Me diréis. ¡No pasa nada! por que la científica
misteriosa que pa' todo vale, es capaz de OPERARLE en plena tormenta,
con anestesia local, para que pueda seguir dando órdenes con el
walkie talkie. Interviniéndole con la única asistencia de la
cocinera (recordemos, se habían emborrachado juntas) siguiendo las
indicaciones del libro, y sin dejarle una cicatriz de un metro ni
destriparlo de un golpe de mar. Claro, si el capitán te mira con
esos ojitos azules y te dice “Confío en tí”, ya no hay fenómeno
meteorológico que te impida hacer una operación.
Total,
que llegan al ojo del ciclón, donde reina la paz y la colada es más
blanca, y recuperan la cápsula espacial para descubrir que ¡CHAN
CHAN CHAAAAN! ¡Estaba vacía!
Que
digo yo que es como para coger el capitán y cortarle el apéndice,
pero el otro.
Y
todo eso para comenzar la temporada... ¿Qué se dejaran para los
restantes capítulos?
Al lado de esto, Perdidos es la serie más
coherente jamás hecha.
Mis agradecimientos a Peibol que como buen blogger y mejor hermano, me ha revisado el post y ha aportado alguna que otra joyita.
Que la mierda de Transilmonio no caiga sobre tí, Amén.