Vivmos atados a un cuerpo humano. Un amasijo de células e impulsos eléctricos que establece el inicio y el fin de la vida tal y como la entendemos. Un paso por este mundo que idealmente dura muchos años, pero que está limitado.
No voy a entrar en debates filosóficos sobre el alma, la mente y el más alla. Porque creamos lo que creamos hay una certeza absoluta, llega un día en el que el cuerpo deja de funcionar, a veces poco a poco a veces de golpe.
Cuando el cuerpo deja de hacer determinadas cosas, especialmente cuando el cerebro deja de dar respaldo a eso que llamos mente, cuando cualquier función básica, es fruto de dolor y frustración, cuando dependemos de otras personas como si fueramos recién nacidos, pero sin la esperanza de volvernos más ágiles y fuertes con el paso de los días; empezamos a dejar de tener planes de futuro.
Planes de futuro tenemos todos, dependiendo de nuestras ilusiones, de nuestra edad, de nuestros referentes, de nuestra situacuón actual y de tantas otras cosas, serán más o menos ambiciosos: terminar unos estudios, el pack "casa, familia y perro", conseguir un ascenso o conseguir ascender un 8000, aprender 10 idiomas, o ver nacer un bisnieto, conseguir completar una colección de chapas, o volver a recuperar un nivel de ingresos que la puta crisis te ha arrebatado o volver a tener un sitio al que llamar casa. Podría escribir durante días. Lo importante es que los planes de futuro son lo que nos hace levantarnos todas las mañanas.
Cuando se carece de planes de futuro, de ambiciones, de proyectos, entonces dejamos de vivir y pasamos a sobrevivir*1. Para muchos, sobrevivir es estar atrapados en un cuerpo humano que una vez sirvio de soporte a la persona que éran, alguien que amó, que aportó algo a la vida de otra persona, que se llenó de orgullo y también de remordimientos por actos propios y ajenos. Un cuerpo que se empeña en seguir mediofuncionando, con ayuda de terceros, pero que no volverá a dar a su huésped la libertad para ser quién fue.
Los dias se convierten en una espera, espera llena dolores para unos, de estar rodeados de un mundo que no alcanzan a comprender para otros, o peor, ambas cosas. Y hay quien pasa a ver desde el banquillo un mundo del que desearía formar parte y sabe que no puede ni podrá.*2
Es por esto, que aunque con estas cosas no se puede generalizar, a veces lo mejor que le podemos desear a quien está en esa situación, es que le llegue el fin en la tierra, y que si el ser que una vez fue está destinado a alcanzar otro lugar (sea el destino que prometen las religiones, sea cualquier otra cosa que no hemos desentrañado) no tenga que esperar más para ello.
Que la mierda de Transilmonio no caiga sobre tí, Amén.
*1 Para quienes la guerra, la crisis, o la naturaleza les ha arrebatado todo, su plan de futuro será recuperarlo, y por ello seguirán viviendo, no sobreviviendo en el sentido que lo planteo.
*2 Aquí podríamos hablar de aquello de no perder la esperanza de que algún avance médico revierta la situación, pero el post sería eterno. También de que tener una limitación física importante, si la cabeza sigue funcionando no tiene que significar que no se tengan proyectos de futuro, pero también influirá las ganas y medios que tenga la persona afectada para acoplarse a un mundo no preparado para recibirle.





































