Ya lo he dicho otras veces. El anonimato es un arma de doble filo. Una se escuda en su nick para escribir cosas que en la vida real no saldrían tan fácilmente de su boca. Puede ser por timidez, puede ser por protección
Cuando eres consciente de que has escrito tras el escudo del anonimato, piensas en mantenerlo a toda costa, pero cuando has escrito algo que defenderías sin problemas en la vida real, a lo mejor te apetece compartirlo con personas de ese mundo.
No se si a vosotros os pasa, pero a veces, releo algo mío y sin llegar a considerarme, ni de lejos, una escritora brillante (esto no es falsa modestia para que me hagáis la pelota, simplemente he leído a otras personas y creo que escriben mejor que yo), me gusta lo que he escrito; aunque no aspiro a tener miles de seguidores, a veces fantaseo con la idea de que tal o cual persona me elogie una entrada, y me diga que está de acuerdo, y que le gusta mucho cómo lo he expuesto, que inicie un debate incluso. Supongo que no soy inmune a la vanidad.
Pero después me acuerdo de algunos post más personales y me da mucha vergüenza pensar que también lo van a leer. Porque una vez que das entrada a alguien al blog, ya podrá volver siempre.
Ante la duda, dado que descubrirse es irreversible, uno opta por mantener el anonimato. Pero resulta ingenuo pensar que será siempre así. Sea por casualidad, sea por mis estúpidos despistes con cuentas y usuarios, estoy convencida que varias personas a las que nunca he hablado del blog (que yo recuerde), lo conocen. Pero tienen el detalle de no mencionármelo, con lo que escribo sabiendo que me leen conocidos sin tener yo la certeza de cuáles son. Todo muy raro.
Total, que hay días que me digo, al carajo, no tienes anonimato ya, déjate de sutilezas y que cada cual se quite la máscara. Pero una cosa es que sepan que existe y otra cosa que hablemos directamente de ello. No sé si estoy preparada para que me pregunten qué me llevo a escribir tal o cual texto, o para que me reprochen falta de tacto o de cautela. No sé si mis arranques de vanidad podrían costarme caros, o si en el fondo, es una tontería dejar que el blog sea como ese elefante en la habitación del que nadie quiere hablar.
Y sobre todo, pienso y repienso en invitaros a que vosotros, los que alguna vez habéis tomado más de un café conmigo, confeséis que sí que veis el elefante, que incluso aprovechéis los comentarios de esta entrada, para dejar un huella reconocible en este Templo del Mono. Me quitaríais un peso de encima, y al mismo tiempo libertad a la hora de escribir. Pero no sé si estoy preparada, igual me hago la loca.
6 comentarios:
Exor, queremos una foto tuya!! En bikini! xDDDD
No a ver, el tema del anonimato es jodido, sobre todo cuando ya empiezas a tener una cantidad de seguidores (que no es mi caso, porque a mi no me lee ni mi padre xDDD, pero igual el tuyo sí),y eso hace que uno se vuelva mucho más reservado (si ya de por sí de supone que en un blog juegas con eso de que "en internet nadie sabe que eres un perro")y tenga más cuidado con lo que escribe. Pero no sé..., es un blog personal, y eso no tiene por qué cambiar, siempre y cuando no se lleguen a extremos (a los que otros bloggers sí llegan, como hablar del color de sus aureolas, o cosas así), así que nada, tú a lo tuyo, que lo haces muy bien!
Lo de la foto en bikini lo digo en serio...REINA! jajajaja
Yo estuve conservando el anonimato durante bastante tiempo. Dado lo que estoy estudiando, llegó un momento en que la gente que me rodea, sobre todo compañeros, tenían que ver cómo escribo y qué es lo que escribo. No fue tan traumático y me llevé alguna ovación a pequeña escala. Es más, en mi escuela ya he sorprendido a compañeros o profesores leyendo mi blog como si nada. Da un poco de vértigo, pero supongo que es algo que tengo que saber llevar si quiero dedicarme a escribir.
Quita frescura, sin duda. Paraliza un poco. No sé, todavía no he encontrado alguien que supiera quién era. Todavía. Y eso que sería relativamente fácil identificarme.
De todos modos, procuro no darle muchas vueltas...
PD: sí que me leen, al menos J muy de vez en cuando. Los demás que lo saben, no lo sé...
A mi, los que deberían leerme porqué se llevan todas las saplicaduras, no me hacen caso alguno. Ergo, que no te preocupe mucho que se sepa quién eres: nadie va ir a por ti, tienes el Mono que te protege!!
Y el elefante de la habitación canta como Monserrat Caballé y tampoco lo oye nadie, ¿no? xDD
Dos cosas te diré:
Una: Que me has hecho mucha gracia en esta entrada porque he captado esa mezcla de intranquilidad e indiferencia que te produce el dilema, a pesar de que es algo que a mi nunca me ha preocupado excesivamente.
Dos: Que a mí particularmente me gusta mucho cómo escribes y cómo te explicas y lo bien que transmites lo que quieres exponer.
He dicho.
Sar@
Olvidate de la foto. Tengo un caché ¿sabes?, mis representantes no me dejan posar gratis.
Puto Maiden
Ahora que lo pienso, puestos a abrir el blog, siempre se pueden ocultar aquellas entradas de las que no estamos tan orgullosos. Pero releer un par de años de blog para hacer "limpia" da muuucha pereza.
Biónica
Creo que lo más desasosiego causa es saber que te puede leer gente conocida, y no saber si lo hacen o no, y quién de ellos. Como no me dicen "oye, que leo te blog de vez en cuando" me siento un poco "espiada", lo cual es estúpido teniendo un blog público. Lo que yo te diga, un dilema.
Nalataia
Jajajaja, con la protección del Mono todo se puede ¿no?
JuanRa
Tu es que eres un cuentista en toda regla, te gusta contar cosas, y aderezarlas con ese toque longanizero tan tuyo, y jugar con tus lectores. Tú pareces siempre disfrutar con tus entradas.
Yo no siempre escribo con el mismo motivo. A veces escribo con rabia, a veces con ganas de divertir, a veces con el corazón en la mano, a veces por aburrimiento. A veces sólo necesito plasmar ideas que me revolotean en la cabeza.
Y a veces, sólo a veces, me preocupa que alguna de las entradas que he escrito se vuelva en mi contra. Y escribo entradas como ésta, intentando dilucidar si pasaría algo si señalo el elefante y digo "está ahí, y es enorme, está pisando la alfombra y canta como Monserrat Caballé"
Vamos, que estoy como una cabra.
¡Un saludo!
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